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	<title>Cultura de masas &#8211; Revolver el tiempo</title>
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	<description>Conceptos críticos, mutaciones históricas y estéticas entre la Guerra fría y la contrarrevolución neoliberal</description>
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		<title>Tecnocracia</title>
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		<pubDate>Mon, 16 May 2022 16:43:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte-tecnología]]></category>
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<p>En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial se observa una creciente presencia de los servicios, la administración y la información en las estructuras productivas. Adviene la sociedad post-industrial, gestionada por burócratas que confían en la tecnificación de los procesos de organización social. El impulso tecnocrático no depende del signo de un gobierno, pero tampoco se alza por encima de las ideologías. Aunque los modelos de gestión racional se pretendan apolíticos, la sociología y la teoría crítica de los años cincuenta y sesenta ya señalan la existencia de una ideología subyacente que, lejos de acercarse a posturas democráticas, emplea lógicas económicas de capitalismo neoliberal.</p>



<p>La tecnocracia tiene una vertiente política, organizada en torno a los procedimientos científico-racionales de administración, y otra tecnológica, que tiene en cuenta las aplicaciones de la ciencia y la técnica en la producción y reproducción social. Un buen lugar donde observar sus efectos es la relación arte-tecnología. Si el pensamiento social oscila entre posiciones optimistas y pesimistas respecto a la ideología tecnocrática, en el arte sucede algo similar. En el tránsito entre los años setenta y los ochenta, la teoría artística enfrenta ese campo escindido, debatiéndose entre el uso actualizado de las herramientas tecnológicas – televisión, vídeo, otros nuevos medios para el arte –, y sus aplicaciones acríticas y alienadas, que resultan en informativismos y sintaxis vacías de contenido, o en usos culturales colonizadores.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="2560" height="1903" src="https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-01-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-269" srcset="https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-01-scaled.jpg 2560w, https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-01-300x223.jpg 300w, https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-01-1024x761.jpg 1024w, https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-01-768x571.jpg 768w, https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-01-1536x1142.jpg 1536w, https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-01-2048x1522.jpg 2048w" sizes="(max-width: 2560px) 100vw, 2560px" /><figcaption>Regina Silveira,<em> Destrutura para Executivo II</em>, 1975. Cortesía de la artista</figcaption></figure>



<p>Pero esas conjeturas de mediados del siglo XX se tornan confirmaciones en las décadas siguientes. En los años ochenta y noventa, el desarrollismo de la era digital extiende las tecnologías de la información (TI) y la comunicación (TIC), en un mundo abierto a la globalización. Como ocurriera con el audiovisual televisivo y otros medios de masas, las TI y las TIC, antes que deshacer jerarquías del tipo centro-periferia, las acentúan bajo un dominio tecnocrático de extensión mundial.</p>



<p>A la llegada de Internet se suman el control de los flujos migratorios y las políticas culturales de inclusión-exclusión. Lo local y lo global se confunden, y emerge el multiculturalismo, como una deriva de la gestión tecnocrática aplicada al ámbito de las identidades. Las posiciones más críticas respecto a los modos occidentalizantes de socio-morfogénesis quedan en los márgenes, bajo la hegemonía del optimismo neoliberal.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" loading="lazy" width="1200" height="1380" src="https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-02.jpg" alt="" class="wp-image-268" srcset="https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-02.jpg 1200w, https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-02-261x300.jpg 261w, https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-02-890x1024.jpg 890w, https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-02-768x883.jpg 768w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption>Muntadas,<em> Video is Television?</em>, 1989. Cortesía del artista.</figcaption></figure>



<p>La cibercultura aparece, primero, como un espacio alternativo que facilita el intercambio horizontal de informaciones y posturas. Aunque la esfera virtual se reconoce pronto como reproductora de las desigualdades exteriores, ámbitos como el pensamiento cíborg, los ciberfeminismos o las guerrillas semióticas del net.art impulsan la superación teórico-práctica de la larga serie de dicotomías esencialistas operante bajo la razón occidental-centrista.</p>



<p>En la actualidad, el semiocapitalismo rige cada aspecto de la vida, y retornan alternativas dicotómicas: frente a la entropía del sistema humano en un mundo ecológicamente limitado, ¿es más útil el aprovechamiento activo, o la oposición de la razón tecnocrática? Aún así, las artes y la cultura ya no se preguntan por el dentro-fuera de la tecnocracia, sino por sus inscripciones en los cuerpos, las mentes y las cosas.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" loading="lazy" width="1200" height="1802" src="https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-03.jpg" alt="" class="wp-image-270" srcset="https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-03.jpg 1200w, https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-03-200x300.jpg 200w, https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-03-682x1024.jpg 682w, https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-03-768x1153.jpg 768w, https://modernidadesdescentralizadas.com/conceptos/wp-content/uploads/2022/05/tecnocracia-03-1023x1536.jpg 1023w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption>Claudio Goulart,<em> Passport</em>, 1979. Cortesía de la Fundação Vera Chaves Barcellos.<br> </figcaption></figure>
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		<title>Públicos</title>
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		<pubDate>Mon, 16 May 2022 16:42:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cibercultura]]></category>
		<category><![CDATA[Cuerpo]]></category>
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<p>Al considerar las imágenes de los públicos de los museos a lo largo del siglo XX, nos encontramos con una transformación: su representación como una ciudadanía ilustrada dio paso a una construcción visual de espectadores que manifestaban discrepancias en su acercamiento a la alta cultura. En las décadas de los cincuenta y sesenta, la apertura de los museos como parte de su misión cívica y la necesidad de ampliar la esfera pública cultural hicieron que se empezara a visibilizar la naturalización de la desigualdad cultural y la necesidad de un modelo post-burgués de espacio público, dado que el existente estaba fundado en criterios estructurales de exclusión de grandes partes de la población, que se basaban en la propiedad y la clase, el género, la raza y la etnicidad. La representación visual de la apertura demográfica de los museos se convirtió entonces en un agente privilegiado para mostrar las funciones que la educación y el ocio desempeñaban como espacios de concreción de logros sociales, tanto en los estados del bienestar occidentales, como en los países de la órbita soviética. Esta popularización de los museos trasladó a los mismos las tensiones entre la alta y la baja cultura de la nueva sociedad de masas y sus culturas mediáticas, como demostraron las cada vez menos convencionales imágenes de visitantes, en el proceso de transformarse en turistas.</p>



<p>El debate en torno a la accesibilidad igualitaria a los museos apuntaba a la visibilización de clases sociales no adiestradas en el <em>habitus</em>, es decir, en el conjunto de prácticas in-corporadas y socialmente estructuradas, un proceso que los fotógrafos del momento empiezan a observar de forma exhaustiva. Así, la fotografía del instante decisivo demostró ser un medio fundamental para generar un imaginario ampliado de estos públicos desajustados y de sus cuerpos. La instantánea reemplazó a la pose, el robado sustituyó al posado y los antiguos ciudadanos ilustrados se vieron desplazados por nuevos cuerpos con comportamientos disruptivos y performativos. A esta apertura hay que sumar la voluntad de algunos artistas contemporáneos de reforzar la conciencia de los espectadores como tales, fomentada por prácticas participativas o performáticas y los cruces entre estas y la fenomenología.</p>



<p>Mientras los fotógrafos hacían visibles a los visitantes desajustados y al incipiente turismo de masas, los historiadores del arte, en los años setenta y ochenta, prefirieron teorizar sobre un espectador contemplativo, atento y solitario, más interesados en reflexionar sobre la tematización de la mirada, la visión y la visualidad que sobre la tematización de los espectadores corporeizados y situados y sus experiencias como seres sociales en contextos concretos. Con todo, el creciente cuestionamiento de la esfera cultural burguesa y el desarrollo, en el ámbito de la teoría crítica, de las nociones de contrapúblicos y comunidades, como espacios de emancipación y resistencia, la recorporeización de la mirada, del deseo y del placer de los espectadores, en los estudios culturales y cinematográficos, y los análisis de la subjetivación de los públicos (redefinidos como observadores) en el consumo y las nuevas tecnologías han acabado por diversificar las aproximaciones teóricas a la espectaduría y los públicos. Un último giro viene determinado por los efectos que la digitalidad y los nuevos dispositivos móviles está teniendo en el auto-diseño visual de los públicos y que ejemplifica la disolución de las fronteras entre espectadores y autores.</p>
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